lunes, 4 de enero de 2016

Farewell my Lovely (Adiós, muñeca) - (1975) - (Director: Dick Richards)






Adiós, muñeca


Título original: Farewell my Lovely


Año: 1975


Duración: 97 min.


País: Estados Unidos.


Director: Dick Richards.


Guión: David Zelag Goodman (Novela: Raymond Chandler)


Música: David Shire.


Fotografía: John A. Alonzo.


Reparto:


Robert Mitchum, Charlotte Rampling, Silvia Miles, John Ireland, Harry Dean Stanton, Jack O'Halloran, Anthony Zerbe, Sylvester Stallone, Joe Spinell, Kate Murtagh, John O'Leary, Walter McGinn.


Género: Cine negro.


Sinopsis:


Adaptación de la novela homónima de Raymond Chandler publicada en 1940. Al detective Philip Marlowe (Robert Mitchum) le han encargado una difícil misión: encontrar a Velma, una bailarina de un club nocturno. Durante la investigación, Marlowe se ve obligado a adentrarse en un mundo turbio de personajes oscuros y de dudosa reputación.




Premios:


1975: Nominada al Oscar: Mejor actriz de reparto (Sylvia Miles)







COMENTARIOS:


Adaptación de una de las muchas novelas que Raymond Chandler escribió sobre el cínico detective Philip Marlowe. David Zelag Goodman fue el guionista encargado de adaptar la novela de Chandler a la gran pantalla. Un guionista poco prolijo pero no exento de brillantez, como demostrara en algunos de sus mejores trabajos:“Perros de paja” o “La fuga de Logan”.

La introducción a “Adiós, muñeca” nos marca, con pulso firme, el tenor del mismo; un Marlowe maduro mira a través de la ventana de un hotelucho mientras reflexiona. Sus pensamientos, que nos llegan a través de una voz en off, nos ponen rápidamente en situación.





La primavera pasada –dice la voz- fue la primera en que me sentí cansado, dándome cuenta de que empezaba a envejecer. Quizás tuvo la culpa el asqueroso tiempo que habíamos padecido en Los Angeles o los no menos asquerosos casos que había tenido; dar caza a maridos huidos y, una vez hallados, dar caza a sus mujeres para que me pagaran.

Los pensamientos del detective seguirán llegándonos a lo largo de toda la película en esa misma forma artificiosa y no siempre acertada, pero que en este caso nos ofrece el cínico retrato del Marlowe crepuscular.

El detective ya no es tan joven, sus casos han pasado a ser mediocres y sórdidos, sus reflejos ya no son los de antaño y, aunque todavía le queden vestigios del seductor que fue, acaba siendo él el seducido en esta ocasión.

El propio Marlowe se sorprende a sí mismo pensando lo siguiente mientras avanza por un oscuro y desvencijado pasillo en un inmundo hotelucho: 

"El sitio era de esos que me horroriza pensar que pudiera acabar en ellos, solo y arruinado"





Paralelamente asistimos a un fresco del Los Angeles de los años cuarenta (así como L.A. Confidential, de James Ellroy, lo era de los cincuenta): una ciudad en la que el crimen organizado (y también sin organizar) campa a sus anchas y en la cual resulta tan fácil ser abatido por los delincuentes como por las presuntas fuerzas del orden.

Así, por ejemplo, los negros viven en su propio ghetto, en la zona más deprimida de la ciudad y los crímenes de que son objeto rara vez son resueltos.

En ese sentido resulta de lo más reveladora la réplica que los policías dan a Marlowe cuando éste les afea el hecho de haber llegado más de media hora después de que él les llamara dándoles cuenta de un asesinato: 

"No se preocupe, Marlowe. Otro homicidio de negros. No habrá ni una línea en los periódicos ni fotos ni nada"





La acción también nos mostrará algunos prostíbulos en los que el glamour brilla por su ausencia y una sucesión de hoteles a cuál más destartalado y sórdido.

Todo lo cual contribuye a ubicarnos, de modo un tanto tópico, en una ciudad donde impera el hampa y en la cual las autoridades apenas hacen algo para revertir la situación, dedicados a sus propias intrigas en busca del poder y del dinero fácil.

Por extraño que pueda parecer, los lugares comunes de los que usa y abusa el film, los ambientes sombríos, los crímenes que se acumulan, la femme fatale de la historia (a la que en esta ocasión no interpreta Lauren Bacall pero sí una espléndida Charlotte Rampling), los tiroteos desde los coches, el compadreo entre el detective privado y el policía veterano y un cierto sabor a serie B otorgan a “Adiós, muñeca” una pátina especial, un encanto del que sin duda carecería de haber sido otros sus postulados.





Ocurre, por tanto, algo similar a lo que acontecía con “El sueño eterno”. En aquella ocasión, la trama se volvía inextricable, con una sucesión ininterrumpida de personajes que entraban y salían de la historia contribuyendo no a esclarecer sino a emborronar más todavía los hechos.

Si en aquella ocasión la práctica imposibilidad de desentrañar el guión no redundaba en ningún momento en detrimento de la película, aquí acontece otro tanto. Incluso podría afirmarse que en el tono deliberadamente tópico y a la vez crepuscular de la historia reside uno de sus principales aciertos.

En no tomarse a sí misma demasiado en serio y en burlarse de modo explícito de sus propios planteamientos. La trama no es un dechado de originalidad (antes el contrario) y tampoco abundan los golpes de guión, sustentado siempre en la ironía de los diálogos, por lo que hemos de quedarnos con la atmósfera. Y ésta se consigue de forma magistral en el film.





En cualquier caso, es en la propia actitud de Marlowe, en su cansancio y su atisbo de vejez que no hacen otra cosa que estimular su cinismo, donde tenemos la clave del film: ni en sus momentos de mayor dolor físico o desorientación sensorial abandona ese tono marcadamente socarrón e irónico. La marca de fábrica.

Su reparto está a la altura con Robert Mitchum como Marlowe, acompañado de una sugerente Charlotte Rampling, John Ireland y Sylvia Miles (nominada al Oscar como mejor secundaria). Además aparece Sylvester Stallone, en un breve papel de matón.

El resultado es una excelente obra que consigue crear el ambiente de los años 40 gracias a una magistral dirección artística de Dean Tavoularis (colaborador de Coppola), una fotografía atmosférica de John A. Alonzo y una sensual banda sonora de David Shire. Rodada en las localizaciones de Hollywood Boulevard descritas en su trama, cada plano guarda un trozo inenarrable del mejor cine negro en un tono poético digno de figurar en las antologías cinematográficas.




UN PAR DE CURIOSIDADES

Entre las cuestiones que más me han llamado la atención se encuentran las siguientes.

- Como en cualquier otra época, el deporte se utiliza como cortina de humo ideal que encubra los problemas políticos, sociales y económicos y así, los éxitos del bateador de los New York Yankees Joe DiMaggio constituyen uno de los principales pensamientos del protagonista y uno de sus temas de conversación más recurrentes. Los progresos de DiMaggio en pos de un récord mítico incluso marcan el tempo durante buena parte del film.

- Cuando Marlowe telefonea a la comisaría, al principio del film, el teléfono con el que pide a la operadora que le pasen no comienza con el sempiterno 555 sino que la dirección con la que pide comunicarse es “Richmond 4421”. Evidentemente, esta convención concerniente a los números de teléfono que pueden aparecer en las películas estadounidenses data de una fecha posterior.

EL DIRECTOR

Dick Richards es un casi completo desconocido que sólo dirigió siete películas en toda su carrera, siendo ésta, de lejos, la más destacada de esa media docena larga.

Se retiró del cine –también había sido productor en un par de ocasiones-, cumplidos los cincuenta, en 1986, tras finalizar una anodina comedia protagonizada por Burt Reynolds.

Y, aunque todavía vive, no ha vuelto a tener contacto alguno con el mundo del celuloide, lo cual es ciertamente inhabitual.

Por aquel entonces apenas había dirigido un western poco destacado y una comedia con Alan Arkin.

Sus otros films relevantes, todos ellos posteriores a “Adiós, muñeca” fueron:

- “Marchar o morir”, un drama bélico con nada menos que Gene Hackman, Terence Hill, Max Von Sydow y la bellísima Catherine Deneuve.

- “Un hombre, una mujer, un hijo”, otro drama en este caso protagonizado por Martin Sheen.







UNOS DIÁLOGOS MEMORABLES


A modo de simple ejemplo de lo que es el tono sarcástico que preside la atmósfera del film y dejando al margen aquellos diálogos que guardan relación con el desenlace de la historia, destacaría los siguientes fragmentos de la primera mitad de la misma:



A) El teniente Nulty llama a la puerta de la habitación de Marlowe:

- ¿Quién es?–pregunta el detective.

- Blancanieves –responde el agente, con voz ligeramente atiplada.

- ¿Con o sin los enanitos?

- So-li-ta

B) Marlowe rechaza la propina con que los padres de la quinceañera “recuperada” pretendían acompañar a los “28 dólares más otros 5 de gastos” que les reclama el detective:

- No acepto propinas por encontrar críos. Por animales sí: 5 dólares por perros y gatos y 10 dólares por elefantes.

C) La voz en off del propio Marlowe nos describe gráficamente su primer encuentro con Moose Malloy, una vez recibida la patada en los genitales por parte de la chiquilla “recuperada”:

- Estaba intentando restablecer el orden por debajo de la cintura cuando se me acercó un sujeto del tamaño de la Estatua de la Libertad.

D) Tras el “incidente” en el local de Florian, Marlowe espera al teniente Nulty y sus hombres y, cuando estos llegan al fin, les espeta:

- Ahí lo tienen, muchachos: grande, gordo y fiambre.

Y, dirigiéndose, al teniente: Treinta y cinco minutos, no está mal para un asesinato. Suerte que no fue algo serio.

(Parte de los comentarios publicados en el rincón de Sinuhé)



Trailer:





Calificación: 4 de 6.

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